Sobre la lectura obligatoria

Todos, o casi todos, nos hemos encontrado en el colegio o en el instituto leyendo libros que no queríamos leer, que se nos imponían y eso era todo. Libros que acabamos detestando o a los que, sorprendentemente, acabamos cogiendo cariño después de todo. Libros que tienen por objetivo acercar a los jóvenes a la lectura o dotarles de una cultura literaria, o eso dicen algunos. Libros que en muchos casos no consiguen más que lo contrario.

Leer es parte esencial en una educación. Dime lo que lees y te diré cómo eres o lo que puedes llegar a ser. Leer buenos libros, especialmente en la infancia o adolescencia, es vital, y puede que incluso determinante para nuestros futuros gustos literarios. Por eso es triste que por tragar a borbotones el Quijote en segundo de la ESO, cuando vayas a Bachiller pienses que los clásicos son infumables. No seré yo quién niegue la importancia de la literatura en la educación, pero, ¿De verdad tiene que introducirse de esta manera? ¿Obligando a niños y jóvenes a leer un libro en voz alta durante las interminables clases de literatura? ¿Pasando las páginas sin piedad, monótonamente, y sin apenas parar a reflexionar sobre lo leído? ¿Qué aporta la literatura si no se piensa? Nada. ¿No sería más fácil y efectivo para alumnos y profesores –digo yo- el proponer una serie de libros recomendados y que cada alumno leyese el que quisiera? ¿No sería más fácil que cada uno fuera a su ritmo y pasara las hojas cuando se sintiera preparado para hacerlo? ¿No le cogeríamos el gusto a la literatura así? ¿No es también un derecho lector el de no leer?

Además de ser perjudicial para alumnos e incluso para profesores, también lo es para las obras. No hay nada más descorazonador que ver una poesía siendo leída, no declamada. Sin entonación. En boca del estudiante aburrido. Con una voz carente de pasión. En una clase abotargada de ojos somnolientos. Bajo la nada atenta mirada de unos ojos que no comprenden porque no tiene tiempo para comprender. Y lo mismo pasa con el teatro, que ha nacido para representarse sobre un escenario y, en su defecto, para declamarse con un mínimo de pasión y energía. ¿Es esto acaso lo que quería su autor? ¿Qué muchos oyesen pero nadie escuchase? ¿que nadie comprendiera? No. A los libros tampoco les gusta que se les impongan a los estudiantes, porque saben cuándo unas manos pasan sus páginas ávidas de saber más o llenas de frustración.

 

-Gracias por leerme. Os quiero bastante♥

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